Los beneficios de la dieta nórdica: así es el nuevo régimen que compite con la dieta mediterránea

2022-11-15 16:03:36 By : Mr. Tongbin Xu

El León de El Español Publicaciones S.A.

Los alimentos clásicos que integran la dieta nórdica.

Inculcar hábitos saludables a niños y adolescentes no es nada fácil, más si cabe con la vasta proporción de procesados y ultraprocesados presentes en casi cualquier estante de los supermercados; también a nivel de alimentación infantil, pero sobre todo entre los adultos. Por ello, cualquier "truco" o mejora en la alimentación, cuyo objetivo sea asentar estos buenos hábitos, es digno de mención.

En este caso, los investigadores de la Universidad de Umeå (Suecia), el Centro de Epidemiología del Consejo del Condado de Estocolmo, y la Universidad de California (EE.UU.) han llevado a cabo un estudio en bebés de menos de 18 meses, cuyos resultados se han publicado en la 54º Reunión Anual de la Sociedad Europea de Gastroenterología Pediátrica, Hepatología y Nutrición (ESPGHAN): una dieta nórdica modificada, baja en proteínas y rica en alimentos de origen vegetal sería la clave para mejorar los hábitos.

Una dieta nórdica se caracteriza por un mayor consumo de frutas, bayas, verduras, hierbas, setas, tubérculos y legumbres de producción local y de temporada, además de cereales integrales, grasas saludables y aceites vegetales, pescados y huevos, además de un consumo bajo de dulces, postres, lácteos, carne y derivados cárnicos.

Entre las frutas nórdicas típicas se incluyen el arándano rojo y negro, la baya del espino amarillo y frambuesas; por su parte, destaca el consumo de verduras ricas en fibra como nabo, remolacha, raíz de apio, zanahoria, chirivía, repollo, brócoli, coliflor y col rizada.

Así pues, durante el estudio los investigadores siguieron a 250 bebés desde los 4-6 meses de edad hasta los 18 meses de edad, como parte del ensayo OTIS. El 82% de los participantes completaron el trabajo. Se divieron en dos grupos: el primer grupo siguió una dieta convencional hasta los 18 meses, mientras que el otro grupo llevó a cabo una dieta nórdica rica en frutas, bayas, raíces y verduras, leche materna o de fórmula, pero limitada en proteínas.

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Los investigadores detectaron significativas diferencias en los hábitos dietéticos de los bebés. Los que seguían la "nueva dieta nórdica", a los que se les proporcionó recetas nórdicas caseras de alimentos para bebés, alimentos bajos en proteínas, y a cuyos padres se les ofreció apoyo a través de las redes sociales, consumieron entre un 42-45% más de frutas y verduras entre los 12 y 18 meses de edad, en comparación a los bebés alimentados con una dieta convencional recomendada por la Agencia Sueca de Alimentos.

El consumo de frutas se mantuvo constante en el grupo de dieta convencional, pero este mismo grupo redujo su consumo de vegetales hasta en un 36% entre los 12 y los 18 meses de edad.

Por su parte, estos bebés que seguían la "nueva dieta nórdica" consumían entre un 17% y un 29% menos de proteínas que en una dieta convencional entre los 12 y 18 meses de edad. Aún así, dichos niveles de consumo seguían dentro de las recomendaciones de ingesta proteíca, y en ambos grupos el nivel de consumo calórico fue similar. En el grupo que consumió menos proteínas, estas fueron sustituidas por carbohidratos de origen vegetal, y no por cereales, junto a un poco de grasa extra por parte del aceite de colza.

Según Ulrica Johansson, doctora en medicina pediátrica y dietista registrada en la Universidad de Umeå de Suecia, no detectaron ningún efecto negativo por reducir la ingesta de proteínas, sino que más bien esta reducción, a cambio de aumentar el consumo de frutas, bayas, verduras y raíces, ayudó a establecer un patrón alimentario preferible que duró más allá de 12 meses. Tampoco se detectaron efectos negativos en la duración de la lactancia, el estado del hierro o el crecimiento de este grupo de bebés.

Para finalizar, Johansson afirma que una dieta nórdica reducida en proteínas sería segura, factible y contribuiría a una alimentación sostenible y saludable durante la infancia y adolescencia. Además, esta investigación podría allanar el camino para ampliar el espectro de sabores de los bebés, y proporcionar nuevas estrategias para inculcarses hábitos saludables ya en etapas tempranas de la vida.

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